Si Gordon Gekko levantara la cabeza…

La industria de la gestión de activos se encuentra en un momento de cambio en cuanto a la interacción con el cliente final. Tras la crisis del 2008 por la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers, los clientes los clientes han experimentado una “catarsis” en su relación con la gestión de sus inversiones y especialmente en la forma de delegar esta gestión en manos de las entidades financieras (en general).

En mi opinión fueron dos los motivos principales:

  • El cliente, tras años de subidas bursátiles a razón del 20% anual en los años previos a la crisis, había reducido o relativizado su percepción del riesgo. Se había perdido la objetividad.
  • La explosión del escándalo de las preferentes provocó una desconfianza total hacia las entidades financieras, que parecían más preocupadas en atender a sus propios intereses y cubrir sus necesidades de capital, que en dar un servicio adecuado a las necesidades de los clientes.

En un determinado punto, la relación de confianza total cliente-asesor (entidad financiera) se rompió. El inversor se dió cuenta de que necesitaba implicarse más en la gestión de su dinero, debía preguntar y exigir a su entidad y a su asesor todas las explicaciones necesarias sobre el producto que le recomendaban. En definitiva debía ENTENDER aquello en lo que iba a invertir su dinero.

Por otro lado, los organismos reguladores, conscientes de las lagunas de información existentes en esta relación de las entidades financieras con sus clientes y la indefensión que esto provocaba, llevaron a cabo una implantación de medidas encaminadas a defender a la parte más débil de la ecuación, el inversor-ahorrador minorista. El objetivo es regular la prestación de servicios de inversión y la forma en que las entidades informan, asesoran o venden productos financieros a sus clientes o potenciales clientes. Es decir, el objetivo principal es la protección del cliente.

Algunos dirán que la regulación es excesiva, que encarece los costes de gestión, pero la realidad de lo sucedido ha superado con creces la ficción y es evidente que unos mercados financieros sin límites ni control puede tener consecuencias imprevisibles y en ocasiones nefastas, en las que siempre sale perjudicado el eslabón más débil. Como dirían algunos: la potencia sin control, no sirve de nada.

Me permito la licencia de incluir un brevísimo pasaje de la famosa película Wall Street, que causó furor en su época al acercar al público la trastienda de los mercados financieros. Versión absolutamente light de películas más recientes como Margin Call o El lobo de Wall Street, que no hacen más que adaptarse al guión que ha marcado la realidad de la industria en la reciente crisis: bonus desmesurados para recompensar una ambición sin límites.  Son 30 segundos que hablan por si solos y lo podríamos titular: O MILLONARIO o NADA

Por fortuna muchas cosas han cambiado: mayor regulación, mejor y más protección del inversor, democratización de la información, mejora de la cultura financiera, responsabilidad social …. toda una serie de actitudes que han contribuido y contribuirán a evitar algunos errores del pasado. En cualquier caso tampoco pequemos de ingenuos, al fin y al cabo tenemos la capacidad y la habilidad de tropezar dos veces en la misma piedra!!

El resultado de todo ello ha sido una “carrera de fondo” en los últimos años que ha permitido aumentar la cultura financiera, en general:

  • El cliente tomando responsabilidad y conciencia de la gestión de su patrimonio: preguntando, exigiendo y comparando entre diferentes intermediarios financieros.
  • Las entidades, formando más y mejores asesores a través de certificaciones como EFPA, que garantizan una suficiencia en la capacidad de asesorar y vender servicios financieros.

Quiero hacer una especial mención a la enorme contribución que ha tenido la explosión de la web 2.0 en todos los sectores en general, y en el ámbito financiero en particular, como medio para democratizar y multiplicar las vías de formación, información, comparación y opinión. El principal beneficiario es el cliente final.

Sin duda alguna, en esta democratización de la información hay que agradecer la gran aportación que ha supuesto la estrategia de marketing de contenidos desarrollada por la gran mayoría de actores del mercado, como una forma de llegar al cliente final aportando contenido de valor. Una vez más, el cliente es el gran beneficiado.  Y lo mejor de todo ello es que cada vez irá a más, porque en la estrategia de comunicación de cualquier compañía el marketing de contenidos pasa a ser una pieza imprescindible para fidelizar y atraer nuevos clientes.

Ya ven que hoy me he levantado con ganas de filosofar un poco….

Imagen: Pixabay, licencia CCO Public Domain

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